El programa Sierra Productiva ha introducido eco-tecnologías en Cahuide, que están mejorando la calidad de vida de la comunidad

Junio, 2014
 
Zavala muestra un tranque de agua cubierto con una geo-membrana impermeable.

Zavala muestra un tranque de agua cubierto con una geo-membrana impermeable.

 

Rufino Zavala está contento a primeras horas de la mañana y ríe alegremente mientras describe cada cultivo a lo largo de la nebulosa ruta desde Santiago de Chuco hasta Cahuide.  Aquí, a alturas superiores a los 4.000 metros, el camino en el área norte del Perú está literalmente en las nubes, lo que no deja ver las coloridas descripciones de Zavala a medida que el pasaje que queda atrás se pierde en la intensa niebla.

 

Zavala es líder comunitario y un “yachachiq”, que significa maestro en quechua, una familia de idiomas que hablan los pueblos indígenas sudamericanos.  Le apasiona enseñar eco-agricultura a su comunidad, donde trabaja en una alianza eco-tecnológica –que comenzó en el 2008—entre el Instituto Agrario Alternativo y Barrick.  La iniciativa, que se conoce como el programa Sierra Productiva, literalmente ha dado bastantes frutos a la pequeña comunidad rural de Cahuide.  Por estar ubicada en una escarpada meseta andina que recibe poca luz del sol, para la comunidad es difícil cultivar frutas y vegetales en medio del delgado aire de la montaña. 

 

Tradicionalmente, los residentes del lugar han dependido de técnicas agrícolas rudimentarias que han arrojado producciones deficientes en las hostiles condiciones andinas, lo que ha llevado a tasas de desnutrición altas.

 

“Aunque vivo en Santiago de Chuco, vine de Cahuide y quiero asegurarme de que las futuras generaciones de mi comunidad prosperen”, dice Zavala.  

 

Cahuide es una comunidad rural de 210 familias ubicada a 3.700 metros del nivel del mar en Los Andes peruanos.  Cuando se disipan las nubes, el paisaje montañoso predominante en la localidad está salpicado de casas de adobe, paredes de piedra compactadas y “cocotes,” que son formaciones de rocas que va dejando el hombre al despejar terreno para plantar y que se usan para calentar las casas en la noche aprovechando el calor residual de las rocas.

 

Zavala enseña a las familias del lugar a construir e incorporar terminologías ecológicas para mejorar su calidad de vida, como parte del programa Sierra Productiva.  El programa ha introducido 14 eco-tecnologías a agricultores de Cahuide que son suficientemente sencillas de implementar con materiales básicos y que, por lo general, están fácilmente disponibles.  Aunque cada tecnología tiene sus beneficios, entre las más críticas están los invernaderos y los pequeños tranques de agua que permiten a los agricultores producir frutas y vegetales durante todo el año.  El proyecto también ha introducido bio-digestores, que producen gas metano para ser usado en la cocción de alimentos.  

 

De la huerta a la mesa del comedor

Zavala siempre está presto a ofrecer una canasta llena de vegetales frescos de invernaderos de las comunidades cercanas a todas las personas que hacen el extenso viaje a Cahuide para conocer el proyecto Sierra Productiva.  Sus ojos brillan con orgullo y generosidad.

 

 “Tomen, aquí están estos tomates, pepinos y pimientos para su ensalada”, dice Zavala, mientras reparte vegetales a 2 visitas que acaban de llegar. “Son orgánicos, como los ve, le van a gustar”.

 

Ecotecnologias en Peru2

Un yachachiq más joven que acompaña a Zavala explica que los agricultores de Cahuide tratan de hacer todo en la forma más ecológica posible.  Los invernaderos están hechos de ladrillos de barro y paja que se colocan sobre una base gruesa de rocas grandes y atestadas.  Una vez que estos ladrillos se secan, pueden resistir cualquier condición climática que mande la Madre Naturaleza.  Los invernaderos muestran un toldo impermeable de plástico grueso que hace de techo, y ayuda a atrapar la radiación solar dentro de la estructura y hace subir la temperatura a 35 grados Celsius.  Esto es caluroso según cualquier estándar y, por cierto, si se lo compara con la temperatura ambiente promedio del área de 15 grados Celsius. Cuerdas plásticas negras biodegradables cuelgan desde una parrilla metálica en altura que las personas del lugar usan para apuntalar plantas de tomates y otras plantas que requieren apoyo para mantenerse erguidas.

 

“Gracias a estos invernaderos podemos cultivar algunas frutas y vegetales de la costa que, de otra forma, no se verían a esta altura debido a los bajos niveles de calor y luz que recibimos”, dice Zavala.  El superávit ocasional de la agricultura permite a algunos miembros de la comunidad ir al mercado a vender vegetales como zapallo amarillo, zapallos italianos, tomates y ají.

 

Otro desafío que enfrenta el área son las escasas precipitaciones entre abril y octubre, razón por la cual los colectores de aguas de lluvia son totalmente cruciales para Cahuide.  Estos estanques están cubiertos con polietileno de alta densidad para asegurarse de que no se pierda ni una gota de esta preciada agua.  Los estanques son la parte vital de los invernaderos, que se alimentan de los conductos de riego.

 

Bio-digestión

A continuación, Zavala muestra un “bio-digestor”, que es, en la práctica, un contenedor hermético que produce metano, construido con ladrillos de adobe.  Gran parte de la estructura se coloca bajo tierra para mantener el calor que genera el techo plástico que lo cubre y para asegurarse de que la temperatura al interior sea suficientemente alta para gatillar la reacción química que produce el metano.  El proceso comienza con una mezcla de agua y estiércol que se introduce en el bio-digestor a través de un conducto.  El algodón o la caña que se embute en las envolturas en forma de almohada se descompone con esta mezcla, y el metano producido alimenta a un saco grande para almacenarlo a través de conductos subterráneos.  Dependiendo del tamaño de los sacos, se puede almacenar el equivalente a 3-5 horas de bio-gas para cocinar sobre serpentines con calor especiales, lo que permite que la comunidad dependa menos de las cocinas a leña dentro de la casa y disminuye el riesgo de inhalar humo.

 

Zavala hace una demostración en una de estas cocinas y hace girar unas manillas en una pieza de cocina oscura.  Después, prende un fósforo y lo acerca a los quemadores que capturan fuego, lo que produce un resplandor verde que rápidamente se transforma en una llama grande, de color azul brillante.

 

 “Estos bio-digestores producen combustible suficiente para que las familias cocinen sus 3 comidas diarias”, dice Zavala.  “Mejoran también la salud y la alimentación de estas familias rurales, ya que cocinar la comida mata las bacterias”.

 

Corrigiendo antiguos hábitos

En su condición de yachachiq, Zavala visita Cahuide en forma periódica para asegurarse de que los agricultores realicen cuidados y mantenimiento regulares a las nuevas tecnologías.  Está presto a captar y corregir cualquier descuido.

 

“Parece que a este amigo se le olvidó dejar sus ‘cuyes’  fuera de la cocina y en su granja de cuyes”, dice Zavala mientras hace un recorrido a la casa del lugar.  “Aquí es donde dejábamos a nuestros cuyes porque el calor de la cocina los ayudaba a mantenerse calientitos”.

 

Una mesa corrugada es una de las eco-tecnologías introducidas a Cahuide a través del programa Sierra Productiva.  Las personas del lugar dejan botellas de agua reposando sobre la mesa, lo que permite que el sol mate las bacterias dañinas.

Una mesa corrugada es una de las eco-tecnologías introducidas a Cahuide a través del programa Sierra Productiva. Las personas del lugar dejan botellas de agua reposando sobre la mesa, lo que permite que el sol mate las bacterias dañinas.

 

Los cuyes son la principal fuente de proteína animal en Cahuide, ya que son ovejas.  Los cuyes comen todo lo que cae de la mesa, lo que no es una buena forma de criarlos, dice Zavala.

 

Zavala dirige el recorrido a la parte posterior de la casa y lleva al grupo a una sala pequeña, con luz natural.  Los cuyes corretean y pasan por los pies de las visitas y otras personas y, en medio de la sala, hay más cuyes en un compartimiento en altura.  La parte inferior de esas jaulas está hecha de mallas finas y cubierta con pastos altos de los que se alimentan los cuyes.  La malla y el pasto proporcionan un lecho cómodo a las hembras, que son instaladas aparte de los machos para controlar la reproducción, explica el yachachiq más joven.

 

Traspasando los conocimientos de una generación a la siguiente

Eder Isain Zavaleta Ulloa también es de Cahuide y ha recibido capacitación sobre construcción e implementación de estas eco-tecnologías, y da capacitación a otros miembros de la comunidad.  Es uno de los 20 yachachiqs de Cahuide.  La comunidad tiene planes de dar más capacitación a medida que el programa Sierra Productiva adquiere popularidad y las comunidades vecinas ven el éxito de los vecinos.

 

Zavaleta ha tenido mucho éxito criando cuyes, despachando pedidos grandes de unos 20-100 cuyes por orden de otras regiones de Perú.  Por el hecho de recibir esos pedidos, hay que tener una granja grande de cuyes, que él muestra con alegría y humildad a las visitas.  En su casa y su granja, que administra con su padre y su hermano menor, hay 3 razas distintas de cuyes, todos originarios de Perú.

 

“Los pedidos siguen aumentando y tenemos que ampliar la granja”, dice Zavaleta.  “Sin el programa Sierra Productiva no logro imaginarme lo que habría sido cultivar a esta escala.  Esto me da la esperanza de que puedo ayudar a mis vecinos a lograr el mismo tipo de éxito si deciden intentarlo”.

 

Carlos Cabanillas, Gerente de Relaciones Gubernamentales de Barrick en Perú, ha sido un gran partidario del programa Sierra Productiva y está satisfecho con los resultados a la fecha.  “Estamos felices de que Barrick haya podido aportar a las apreciables mejoras en la vida de estos agricultores”, dice.  “Ya pueden contar con una gama más variada de alimentos para sí mismos y vender algún superávit para complementar sus ingresos”.

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